Nos encontramos ante un panorama complicado para el valencianismo que debemos analizar con rigor, haciendo una autoevaluación de lo que hemos hecho cada uno de nosotros y, por nosotros, las entidades a las que pertenecemos.

En ocasiones se nos ha acusado de ser demasiado críticos e incisivos entre los mismos valencianistas, pero después del panorama que han dejado relevantes compañeros que nos lideraban social, política y académicamente, hemos de llegar a la conclusión de que nuestros vaticinios se han cumplido trágicamente.

Del valencianismo social, hemos de confirmar la desvertebración de las entidades valencianistas por medio del fracaso individual y colectivo. ¿Cuántas entidades conocidas del movimiento valencianista han perdido con el paso del tiempo su protagonismo? ¿Qué ha pasado con la Coordinadora de Entidades Culturales del Reino de Valencia en estos últimos y decisivos años para el futuro de la patria y la lengua valenciana? ¿Qué ha sucedido con la Plataforma Normes del Puig que se creó para hundir el protagonismo de la Coordinadora de Entidades Culturales del Reino de Valencia y del Grup d´Accio Valencianista en los momentos en que estaba debatiéndose la creación de la AVL?

Del valencianismo cultural hemos de constatar la pérdida de la unidad de criterio y, lo que es peor, la pérdida de la referencia moral de las personas que encabezaban las entidades más antiguas y que más venerábamos. Unas, miserablemente compradas por la venta de sus representantes que, sin la más mínima vergüenza han paseado la miseria de su compromiso con la política y con el cargo al frente de la administración del Partido Popular, y otras, por medio de la humillante aceptación de pertenecer a la institución mas destructora de la Lengua Valenciana: la AVLL. ¿Quién puede comprender que dentro de la Real Academia de Cultura Valenciana se permita estar a aquellos que nos han vendido y abandonado, cruzando el puente y aceptando la normativa catalanista, y hoy tienen el privilegio consentido de estar en dos academias teóricamente confrontadas científica y moralmente?

Muchos denunciamos la mentira de la Academia Valenciana de la Lengua y la trampa en que el anterior Presidente de la Generalitat, Eduardo Zaplana, iba a hacer caer a unos cuantos valencianistas para escenificar el fin de la batalla lingüística con la pública derrota de un valencianismo que iba a prestarse a interpretar el papel más humillante e infame de esta tragedia: el del vencido.

¿Cuántas veces dijimos y pedimos que ningún valencianista participara en la tragicomedia que el Institut d´Estudis Catalans y Eduardo Zaplana nos tenían preparada para escenificar en la gran gala del catalanismo que presidiría gozoso un Jordi Pujol exultante por su victoria, ganada a pulso de dinero, mentiras y vanidades, y donde destacados valencianistas acudirían para mostrarnos su lado más miserable y siniestro?.

Y en el valencianismo político, después de tenernos que enfrentar a él durante la creación de la AVLL por su complicidad en la emisión del dictamen del Consell Valencia de Cultura, origen del nacimiento de la Academia, llegamos desde la elección de Jose MĒ. Chiquillo a un reencuentro, que auguraba un futuro de unidad para dar una respuesta efectiva y unísona a ese caballo de Troya para destrucción de nuestra querida y herida personalidad valenciana.
Pero no ha podido ser. Una vez más, las miserias personales, siempre las miserias, han podido más que el espíritu valencianista. Y en la más dramática encrucijada de nuestra historia, a punto de llevarse a término la peor embestida contra la Lengua Valenciana: su desoficialización, ahora, los que eran nuestros representantes políticos, se suben a lomos del mismo caballo político que engendró el de Troya para la destrucción de nuestra querida y herida personalidad valenciana.

Esa Unio Valenciana para la que muchos pedimos el voto y a la que financiamos, ahora, en un acto de auténtica estafa política, se vende al mejor postor, al PP, a cambio de un sueldo para sus dirigentes después de pasearse y fotografiarse vergonzosamente junto a los representantes del Bloc y ante una márfega para que quede suficientemente clara su impudicia política y su inmoralidad personal.

Ante el solar dejado por los traidores sociales, culturales, académicos y políticos del valencianismo ¿qué solución nos queda a quienes después de tanto tiempo todavía sentimos la urgencia de una intervención política como un último y definitivo remedio para todas las enfermedades que padece la personalidad valenciana?

Ya en julio de 99 advertimos a la sociedad valenciana sobre lo que iba a suceder. Cuando se creó hace cuatro años y medio la Fundacio Nou Valencianisme planteábamos la necesidad de reordenar políticamente el valencianismo. Y una vez más, como en el 92 y en el 97, nos cerraban todas las puertas de la política.

Unio Valenciana quiso mantener su estructura pero siempre de espaldas al valencianismo de lucha, el único valencianismo que jamás ha defraudado al pueblo valenciano.

Y ahora, después de la derrota, la única salida que nos queda es comenzar de nuevo. De nuevo, que no de cero. Porque el descrédito en que nos han dejado después de derrotas ganadas por la incoherencia e insolvencia de sus líderes, nos exige un esfuerzo mayor para lograr salir del vacío y la indiferencia social en la que hoy se encuentra el valencianismo político.

Y más todavía si tenemos que enfrentarnos con la aplastante maquinaria electoral del Partido Popular con un autentico plantel de figuras seudo-valencianistas: Ramón Llin, Mayren Beneyto, Alfonso Novo, Vicente Ferrer, Enric Esteve y, ahora, José MĒ Chiquillo, que están en el PP “para hacer más valencianismo si cabe”.

No sólo tenemos que salir del agujero de la humillación política sino que, además, tenemos que salir a denunciar la mentira valencianista del Partido Popular que exhibe en su escaparate electoral y mediático que supone una auténtica estafa política, y que son la vergüenza del verdadero valencianismo social y popular.

Cansados de sobrevivir ante tanta decepción personal muchos pensamos que es el momento de empezar una nueva etapa de servicio al valencianismo desde la política. Es probablemente la última oportunidad que nos queda para dar un golpe encima de la mesa y decir que esto se ha acabado.

Han sido tantas y tantas las puertas cerradas, las difamaciones y las calumnias, las más dolorosas provenientes de los mismos valencianistas, que a veces podemos pensar que ya no vale la pena.

Pero cuando miramos que no somos nosotros los que hemos abandonado, sino ellos los que han salido huyendo al sol que más calienta, pensamos que tenemos un deber no sólo con nuestra propia coherencia, sino con todos los que habéis confiado a lo largo de estos años en la trayectoria personal de grandes valencianistas como Juan García Sentandreu.

Y como hemos sido lo que hemos sido, hemos sido lo que somos, y somos lo que somos, a Dios gracias, creemos que nuestra propuesta política hacia vosotros debe ser la más honesta y coherente para que nadie se sienta engañado.

Nuestra oferta valencianista debe ser clara y limpia para no tener nunca que esconder la cara como están haciendo otros.

Y si decimos que queremos plantear a la sociedad valenciana una propuesta valencianista, foralista, constitucional, conservadora y social, es por la sencilla razón de que es la que nos dicta la conciencia, la misma que nos guia, después de casi 25 años, a seguir luchando.

Coalición Valenciana quiere buscar un punto de encuentro, que desde la tolerancia y el respeto personal e ideológico, y desde el respeto a la legalidad constitucional, fructifique en una suma de fuerzas que, coaligadas estratégicamente, den el golpe de efecto necesario para el renacimiento victorioso de un nuevo valencianismo.

No debemos tener miedos ni complejos por ser como somos ni por decir lo que creemos. Y si nuestro lenguaje, nuestra forma de ser no les gusta, allá ellos. Nosotros no queremos ser como los demás. No admitimos sus patrones ni medidas. Nosotros hablamos de una política de auténtico servicio a nuestra sociedad desde nuestra convicción ética del bien del pueblo valenciano.

Nuestras premisas son:

Foralismo. Coalición Valenciana será foralista o no será. Pero cuando hablamos de foralismo no nos estamos refiriendo simplemente al derecho foral valenciano abolido en 1707 por el decreto de Nueva Planta que se mantuvo vivo en los usos y costumbres no escritas de la huerta valenciana que fueron reconocidas por el tribunal Constitucional para declarar la competencia de nuestra comunidad sobre arrendamientos históricos. No, no es eso. Tampoco se trata de restaurar nuestros históricos fueros en el siglo XXI. Hablamos de algo mucho más profundo vinculado al hecho diferencial valenciano. Els Furs otorgados por Jaume I son un símbolo de nuestra identidad histórica, de las libertades tradicionales valencianas, de la singularidad de nuestra personalidad política diferenciada, de un régimen particular de autogobierno en la corona de Aragón primero y en la corona de España después. Ahí es donde reside el valor de la foralidad en la coyuntura presente. Cuando nos calificamos como alternativa foralista lo que estamos afirmando es la realidad y actualidad de nuestro histórico reino como comunidad foral histórica. Pero eso no es puro voluntarismo, la propia ley de leyes, la Constitución, en su disposición adicional primera declara que ampara y respeta los derechos históricos de los territorios forales y, por tanto a ella nos acogemos para alzar la bandera de la foralidad valenciana.

¿Qué significa ser foralista? En primer lugar, ya que nuestros derechos históricos están constitucionalmente garantizados, el Estatuto de Autonomía y todo el ordenamiento autonómico que de él se deriva no pueden ni podrán ser nunca interpretados en contra de la identidad histórica, cultural y tradicional del pueblo valenciano.

El estatuto debe de ser la actualización de nuestro régimen foral en el nuevo marco constitucional establecido en 1978, y como tal actualización están obligados a respetar y amparar las señas de identidad del pueblo valenciano.

Ser foralista es, por tanto, reivindicar la continuidad histórica de la Comunidad Valenciana en el Reino de Valencia con lo que eso significa de reivindicación y conservación de nuestra identidad y personalidad diferenciada.

Con todo ello nos vienen a la memoria la fórmula del juramento dels Furs por Jaume I ante las Cortes el 7 de abril de 1261: “Juramos mantener en lo sucesivo, observar a perpetuidad y no contravenir jamás en nada, los Fueros y leyes de Valencia…, que lo mismo que nosotros juramos y confirmamos dichos fueros y leyes, nuestros sucesores quedan obligados a firmar y confirmar dichos fueros y leyes, a cumplirlos y observarlos a perpetuidad y a no contravenirlos nunca”.

Pues bien, para quienes nos definimos foralistas, ésta debe ser la primera obligación del gobierno de la Generalitat Valenciana: mantener y no contravenir jamás en nada la singularidad de nuestra comunidad histórica.

En segundo lugar, definirse como foralista implica también una nueva cultura política, una especie de forma de articulación de nuestra comunidad en una realidad plural superior desde el reconocimiento de nuestra singularidad histórica, política y lingüística.

Parafraseando a un político navarro, la foralidad es la norma de integración pactada en una unidad política mas amplia. Por eso nos definimos como foralistas, por que queremos que el Reino de Valencia se mantenga como lo que siempre ha sido, una comunidad propia y diferenciada, integrada desde hace cinco siglos en la monarquía común que aglutina las aspiraciones de autogobierno de las diferentes tierras de España que nacen de sus históricas señas de identidad peculiares y diferenciadas.

Constitucional. Cumpliendo el acuerdo que supuso el manifiesto del Nou Valencianisme de 1999, confirmamos nuestro firme compromiso con la defensa de la legalidad constitucional vigente, no solo como a máximo cuerpo jurídico, sino por encima de todo, como un espacio social y moral donde se reflejan todas las libertades, derechos y deberes individuales y colectivos y que hacen del individuo, de las personas, los protagonistas de un proyecto conjunto. Un proyecto de solidaridad gravado por la voluntad enriquecedora de diferentes culturas, reinos y regiones que han confluido históricamente en la defensa de unos principios y libertades que siempre han defendido en común y que hoy encuentran en la constitución toda su fortaleza.

Nuestra convicción moral de que Constitución y Nación están identificadas, no es fruto de un sentimiento más o menos apasionado sino de una reflexión personal e intelectual que nos confirman que estas realidades han sido y son a lo largo de la historia un espacio de cooperación, un marco racional y estable de garantía de libertades y derechos individuales de orden civil y de ambiciosas metas compartidas, de respeto a las leyes justas e iguales para todos, un espacio de pluralidad cultural, étnica, religiosa o lingüística en una armonía de mutua lealtad que se manifiesta con el principio constitucional y humano de la solidaridad.

Conservador. Nosotros apostamos por la reivindicación de los valores tradicionales heredados de un humanismo cristiano que fundamenta toda la cultura valenciana desde hace casi 2000 años. El valor de la tradición reside en su permanencia y pervivencia histórica. En esa tradición social, moral, cultural y lingüística que queremos conservar es donde reside el alma histórica del pueblo valenciano. Todas sus instituciones y valores como el respeto al valor social de la familia, el respeto a la vida y a la dignidad de la persona serán fundamento de nuestra propuesta política. Daremos con ello respuesta a una gran parte de la sociedad valenciana que hoy por hoy denuncia la desvalorización ideológica de los partidos políticos que, entregado al poder por el poder, al gobierno a golpe de encuesta, ha vaciado su programa electoral del contenido ideológico tradicional y cultural, haciendo concesiones inadmisible.

Social. Creemos que el Estado y la política han de estar, sin duda, al servicio de dos máximas sociales. La dignidad del trabajo y la defensa de los desfavorecidos. Frente a una estructura mundial globalizadora que reduce al individuo a ser un simple engranaje de producción, frente a la preeminencia de las empresas que tienden a la monopolización, nosotros defendemos el protagonismo social de las personas.

La sociedad de mercado, ahora disimulada socialmente con el eufemismo de la sociedad del bienestar, no ha resuelto el problema de las injusticias individuales y colectivas. Defendemos una sociedad basada en el trabajo libre, en la empresa y la participación. Esta empresa no se opone al mercado, sino que exige que éste esté controlado oportunamente por las fuerzas sociales y el Estado, de manera que se garantice la satisfacción de las exigencias fundamentales de toda la sociedad.

Declaramos como única jerarquía social la del trabajo. Negamos cualquier otra categoría que no sea la de productores y trabajadores.

Queremos una sociedad justa y la justicia solo se puede garantizar invirtiendo sin miedo y sin recortes en colectivos débiles y marginados sin aprovecharse de su debilidad social para tenerlos relegados presupuestariamente en años de prosperidad económica.

La solidaridad social no puede ser producto de iniciativas individuales como propone el liberalismo económico. La solidaridad social ha de ser un valor permanente de la organización social.

La inversión en las personas, en su etapa juvenil dando respuesta eficaz a las demandas laborales y de vivienda, en la tercera edad garantizando un poder adquisitivo real y sin demagogias.

Y los intereses propios de nuestra tierra: infraestructuras, exportación, turismo, exigen una voz genuinamente valenciana en todos los lugares de representación social y política.

Valencianista. Pero por encima de todo lo nuestro son los hombres y las mujeres del Reino de Valencia, su cultura, su lengua, sus tradiciones, sus instituciones y su futuro individual y colectivo. Queremos erradicar definitivamente esa lacra que padecemos de un inmovilismo que nos está haciendo perder oportunidades de liderazgo no sólo como comunidad política sino también como comunidad cultural.

Pero para que el Reino de Valencia pueda liderar culturalmente una comunidad nacional debemos aclarar definitivamente el gravísimo enfrentamiento que nos divide en el seno de nuestra sociedad. Y el debate se debe aclarar necesariamente por medio de una victoria rotunda y sin paliativos del valencianismo frente al catalanismo, borrando de la memoria individual y colectiva esta trágica página de auto-negación y auto-destrucción que supone el catalanismo.

O acabamos con la Academia Valenciana de la Lengua y quitamos el Catalán definitivamente de las escuelas y universidades, o este pueblo perderá definitivamente su conciencia y personalidad. O recuperamos el sentimiento valencianista o lo que quedará de esta gloriosa Comunidad será tan solo un recuerdo manipulado de su historia.

¿Qué imagen de solvencia se puede dar con una política institucional totalmente catalanizada donde los representantes políticos, universitarios, académicos y medios de comunicación no creen en la entidad idiomática de la lengua valenciana?

¿Cómo se puede reivindicar el poder económico y cultural valenciano, si esta sociedad esta representada por personas que asumen nuestra dependencia cultural respecto a Cataluña?

Hemos de dar una respuesta clara y esclarecedora a todo el pueblo valenciano en todos los estamentos, a todos los hombres y mujeres de cualquier edad, para que se sientan orgullosos de ser valencianos.

Nuestra aparición en la arena política será contestada por todo el mundo. Que no nos quepa la menor duda de que irán contra nosotros, pero Coalición Valenciana no bajará la guardia.

Es la hora, señoras y señores, queridos amigos, del nacimiento, del renacimiento de una nueva oferta joven, sensata y coherente que recoja las aspiraciones más limpias y genuinas de un pueblo angustiado por la mentira y la confusión.

El pueblo no solo vive, ni debe vivir, cumpliendo sus metas materiales, sino también y, por encima de todo, alcanzando sus objetivos y anhelos morales. Nuestra oferta foralista, constitucional, conservadora, social y valencianista puede ser lo que el pueblo necesita para llenar ese espacio ideológico que hoy por hoy nadie representa. Creemos que está plenamente arraigado en la historia y en la forma de ser y sentir de los valencianos a lo largo de generaciones.

Nosotros empezamos esta lucha abierta en defensa de la verdad, oponiéndonos al discurso de la mentira dominante, porque nuestro sentimiento nos pedía mucho más que la lucha por el poder. Ese poder que nunca nos ha interesado se presenta cada vez más necesario y urgente.

Pero por ser urgente no debemos perder la paciencia. Como nunca la hemos perdido a lo largo de estos años en que en las catacumbas a las que nos condenaron hicimos nuestra labor, y manteniendo encendida la llama de la razón y de la dignidad dimos siempre una esperanza a la valencianidad. Tengamos paciencia pero, nunca más, dejando pasar las ocasiones.

En política, como en cualquier otra empresa humana, lo importante es tener razón. Que los demás nos la den sólo es cuestión de tiempo. Dejemos que otros se dediquen a ganar tiempo al tiempo. Nosotros nos entregaremos con constancia y entusiasmo a llenar el tiempo de razón. De razón valencianista.

 

.......................................